Para que la cualidad más elevada de un ser despierte, primero tiene que aprender a apoyar la vida y no la muerte. Mediante la sangre derramada no se puede alimentar la vida, porque existe una ley natural irrevocable, que decreta la descomposición de la materia muerta. Una vez que ha comenzado la putrefacción de la carne, no es posible detenerla, sino que continúa hasta que el proceso de desintegración esté completo. Por eso cuando un organismo muerto es el alimento de uno vivo, sutilmente transmite su mensaje de corrupción y decadencia a cada célula del cuerpo que alimenta.
En cambio los efectos de una dieta vegetariana son completamente diferentes. La semilla vegetal es activada por la tierra cuando es penetrada por el agua y besada por el sol. Al asomarse a la vida, el pequeño retoño instintivamente buscará la luz y se abastecerá de ella.
El reino vegetal no es otra cosa que luz y color almacenados. Cada trozo de raíz, tallo, hojas, flores, frutos y semillas que consumes, son rayos de sol aprisionados. Una planta ofrecerá sus frutos desinteresadamente y estará siempre dispuesta a dar sin exigir nada a cambio, porque su conciencia es luz. Por eso afirmas la vida al incorporar los vegetales a tu cuerpo. Como la luz, ellos avivan en tu ser la llama del amor, del silencio y de la entrega.
morgana

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