sábado, 11 de junio de 2011

Los Elementales de la Naturaleza


"El ser humano sólo cree en lo que ve en una actitud netamente mental, por eso siempre ha negado la posibilidad de otro tipo de vida". 

Normalmente los Elementales tienen su parte más densa o "cuerpo" en el Plano Energético, pudiendo en condiciones favorables reflejarse hasta cierta corporeidad en las zonas etéricas que son mezcla y enlace entre lo que podemos llamar energía (cuya característica es la carencia de forma perceptible por nuestros sentidos) y la materia (cuyas características nos son evidentes y fácilmente registrables). De ello podemos colegir que los Elementales tienen como propiedad una plasticidad mucho más "veloz" que la nuestra, siendo sus formas más inestables y dinámicas. 

Cuando esas formas se lentifican es cuando se corporizan y su visión se vuelve más fácil, bien por factores naturales, o bien por la voluntad de quien quiera verlos, voluntad que ha de ser fuerte pero no agresiva, pues cualquier inestabilidad en ella repercute en los Espíritus de la Naturaleza y los ahuyenta hacia sus "refugios" energéticos y a los juegos ópticos propios de su extraordinario poder para disimularse en los mismos Elementos en que habitan. 

En esa región etérica, en esa 4a. dimensión viven las criaturas elementales de la naturaleza. A tales criaturas se les da el nombre de elementales, precisamente porque viven en los elementos. 

El fuego está poblado de criaturas elementales; el aire está también densamente habitado por esa clase de criaturas, a su vez como en el agua y la tierra. 

No hay árbol que no tenga su criatura elemental de la naturaleza. Las plantas tienen alma, y las almas de las plantas encierran todos los poderes de la Diosa Madre del Mundo...» 

«Las almas de las plantas son los elementales de la Naturaleza. Estas criaturas inocentes todavía no han salido del Edén, y por lo tanto aún no han perdido sus poderes ígneos. Los elementales de las plantas juguetean como niños inocentes entre las melodías inefables de este gran Edén de la Diosa Madre del Mundo...» 

A las criaturas del fuego, desde los tiempos màs antiguos, se les conocía con el nombre de Salamandras; a los elementales del aire se les designa con el nombre de Silfos; a los seres del agua se les llaman Ondinas, Nereidas, Sirenas, etc. etc.; a las criaturas que viven entre las rocas de la tierra se les bautizó con el nombre de pigmeos, gnomos, etc. Las criaturas elementales de los vegetales antiguamente conocidos con los nombres de silvanos, dríadas, hamadríadas y faunos. 

El insigne Maestro Paracelso dá el nombre de «silvestres» a los elementales de los bosques y de «ninfas» a los de las plantas acuáticas. 

Es ostensible que la forma de esas criaturas varía muchísimo:

Las criaturas del fuego son delgadas y secas, muy semejantes al chapulín o grillo, aunque de tamaño mucho más grande;

las criaturas del aire parecen niños pequeños muy hermosos con rostros sonrosados como la aurora; 

los elementales del agua tienen diversas formas; algunas parecen como damas inefables, felices entre las olas del inmenso mar, otras tienen formas de sirenas peces, con cabeza de mujer, y por último hay ondinas que juegan con las nubes o moran en los lagos y ríos que se precipitan entre sus lechos de roca;

los gnomos de la tierra, los pigmeos, parecen ancianos con su luenga barba blanca y continente ceremonioso. Ellos viven normalmente en las minas de la tierra o cuidan los tesoros que por ahí subyacen escondidos. 

Todos estos elementales de la naturaleza son útiles en la gran creación; algunos animan el fuego, otros impulsan el aire formando los vientos, aquellos animan las aguas, estos otros trabajan en la alquimia de los metales dentro de las entrañas de la tierra. 

Pero ¿Cómo podríamos mandar a los Elementales de la naturaleza si no hemos aprendido a gobernar los Elementales atómicos de nuestro propio organismo?. 

Las Salamandras atómicas de la Sangre y del Sexo arden espantosamente con nuestras pasiones animales... 

Los Silfos Atómicos de nuestros propios aires vitales, al servicio de la Imaginación Mecánica Subjetiva (no se confunda esto con la Imaginación Objetiva Conciente), juegan con nuestros pensamientos lascivos y perversos... 

Las Ondinas atómicas del Sagrado Esperma originan siempre espantosas tempestades sexuales... 

Los Gnomos atómicos de la carne y de los huesos gozan indolentes con la pereza, glotonería, concupiscencia...

morgan

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